Nombre: Jorge
Fecha: 6/2001

Hola Daniela!
Mucho gusto. Con las disculpas del caso (porque según veo sos una persona muy conocida), yo ignoraba de tu existencia hasta este domingo pasado (No lo tomes a mal). Hojeando libros en Cúspide en el Village Recoleta, me topé con el tuyo y me llamó la atención eltítulo. Comencé a leerlo en el barcito tan simpático de la librería y lo compré. Ayer lo terminé. Confieso que en principio, tuve la curiosidad malsana de conocer cuales eran las condiciones que debe cumplir un hombre ideal, para ver si al menos yo tenía alguna y aprovecharla en consecuencia. Pero a medida que avanzaba en su lectura otras cosas me fueron ganando. Muchas veces me arrancó una sonrisa, porque es cierto que las cosas más serias pueden ser contadas en solfa. Pero también me encontré en muchas otras. Yo también he dicho "Te llamo", cuando no tenía ninguna intención de hacerlo, para después algo que de antemano sabía que no iba a cumplir. Siempre pensé que podía resultar ofensivo para una dama decir ciertas cosas. Ahora coincido contigo en que es preferible decir la verdad. Yo también he ido a insoportables reuniones de Solas y Solos donde la concurrencia es más bien digna de alguna película de Fellini. O a una cita a ciegas arreglada por algún conocido, donde al instante de conocer a la persona en cuestión, tan alabada y mentirosamente descripta por el maldito conocido, me dije ¿Quien me mandó a mi aceptar esto? ¡Y todavía me faltan por lo menos dos horas de la cena! O a un baile (sí!!!! a un baile!!! No se lo cuentes a nadie!) donde abundan los peores personajes de la mitología porteña, varones y mujeres, eso sí. Yo también tuve el síndrome del restaurante. Pero aprendí que si no me decido es porque quiero saborear un jugoso bife de lomo y lo que se me ofrece es para mi gusto, apenas un bife de costilla a la plancha. Yo también salí con gente un tiempo, con quien nunca debí haber salido, pero bueno, concedeme una gracia: de carne somos. En fin, Daniela, no voy a continuar con las situaciones que tan bien has descripto en tu libro. Pero, como ves, no se si a todos los hombres, porque los hombres de estas cosas no hablamos entre nosotros, pero a algunos al menos, nos pasan las mismas cosas que a las mujeres. Con otros matices, por supuesto. Creo que más bien, mucha gente apostó en su juventud a la superficialidad y llegados a grande no tienen mucho para ofrecer. Muchos se conforman con algo, otros prefieren seguir buscando o estar solos a mal acompañados. Sabiduría popular la de los refranes. Este es un tema que dá para mucho. ¡Hasta para un libro! y no para un mail, así que, para finalizar, quiero decirte que disfruté mucho tu libro. Está escrito con ingenio y sintetiza maravillosamente (el arte es poder de síntesis, bah, digo yo) los avatares de las solas.....y solos también. Te felicito y te envío un cordial saludo.

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