"Amigas"

“Los lazos de la amistad son más estrechos que los de la sangre y la familia."
Giovanni Boccaccio

Prólogo
No me queda del todo clara cual fue la génesis de la idea central de este libro. Estas páginas, hasta donde puedo saberlo, tienen orígenes oscuros, quizá remotos y en todo caso mezclados. Si tuviera que marcar el momento en el cual nació la idea que más tarde habría de materializarse estas páginas debería remontarme a un día de junio de hace varios años. Acababa de separarme y me mudaba a un departamento que me prestaban dos amigas que se brindaron, decididamente generosas y salvadoras, casi como si hubieran querido anticiparse a mis actuales especulaciones teóricas. Era una tarde de frío sol de otoño y yo llegaba a bordo de la camioneta destartalada de un fletero, rodeada de bultos y paquetes. Esperándome en la esquina estaban ellas, mis amigas. Descendí sonriente, medio muerta por la mezcla de emociones, cansancio y alivio que me embargaba, y no pude creer lo que veía: estaban llorando. Lloraban por mí, apenadas porque me había ido de casa y porque estaba a punto de iniciar una nueva vida, sola. No lo podría jurar, pero creo haber fingido que no notaba sus lágrimas para no largarme a llorar yo. Apenas unas dos horas más tarde, con muchos petates acomodados y otros tantos por ordenar, frente a una reparadora taza de té, empezamos a reírnos. Como antes, como cuando éramos mucho más jóvenes, como siempre.
De vez en cuando todavía regresa, y me golpea como la ola de un tsunami, la inundación de agradecimiento que sintió mi maltratado corazón de entonces. Recuerdo las provisiones de subsistencia que me trajo una de ellas (“para que no tengas que salir de apuro”), el postre y los bombones de otra (“para que empieces esta etapa con dulzura”) o la forma perfecta e impecable en que otra más dobló la ropa interior en un cajón. Muchos años después, nos seguimos riendo como locas cuando recordamos que le dije: “¿Qué hiciste? ¡No me voy a poder cambiar los calzones por no desordenar el cajón!”.
Pues bien, de todo eso trata este libro. De esa manera de las amigas de estar ahí, siempre, en el momento justo. Para llorar y para reír, para volver a llorar y para reír de nuevo. No recuerdo haberlo pensado en el momento pero ahora sospecho, con cierto fundamento, que desde entonces quise escribir acerca de la amistad entre nosotras, entre las mujeres. Porque siempre percibí con claridad que en los períodos más difíciles de mi vida cuando, como suele suceder, una suma de crisis desbordaba y sacudía mi cotidianeidad, no hubiera superado muchas de esas situaciones agobiantes sin la ayuda de una o más amigas.

En alguna etapa no muy lejana de mi vida -quizá como consecuencia imprevista de una incipiente aunque tardía madurez- comencé a analizar con una mirada más minuciosa y diferente los vínculos que nos unen a nosotros, los humanos. También a nosotras, las humanas. Comencé a registrar, entre otras situaciones, cuántas veces me había preguntado ¿qué hubiera sido de mí sin ellas, las amigas que cada vez que las necesité estuvieron a mi lado? Pero como a lo largo de toda mi vida había oído repetir los habituales comentarios/clisés machistas que nos atribuyen características espantosas en nuestra relación con otras mujeres, se me planteó una duda existencial: ¿cuál es la verdad? Porque si se dice que somos malísimas entre nosotras, que nos vestimos exclusivamente para competir y que somos unas desgraciadas capaces de robar maridos y novios ajenos sin remordimiento alguno, es difícil entender por qué la mayoría tenemos muchas amigas. ¿Será simple masoquismo la explicación? Parece poco probable.
Para reunir elementos que probaran o refutaran mis escuetas suposiciones iniciales, tomé como punto de partida algunas entrevistas y conversaciones personales con un grupo de amigas. Pero además, realicé una encuesta técnicamente no oficial que fue respondida por casi ciento cincuenta mujeres de diferentes ciudades de nuestro país y de otros países de América latina como Brasil, Colombia, Uruguay, Perú y Chile. Contestaron también mujeres de Italia, Gran Bretaña y España así como algunas de tres diferentes ciudades de Estados Unidos. Algunas de ellas eran amigas o conocidas mías y a éstas se les sumaron otras a quienes las primeras, atraídas por el tema, les reenviaron el cuestionario en forma de espontánea cadena. Todas contestaron las mismas preguntas y explicitaron, entre otros conceptos, su definición de lo que es para ellas la amistad y qué es lo que asocian a la expresión “amiga del alma”. Les solicité, además, que contaran sus experiencias mejores y peores en relación con sus amigas y que dijeran si tenían amigos varones y por qué sí o no los tenían. La encuesta fue obviamente voluntaria y, mientras algunas de las convocadas no fueron demasiado explícitas ni entraron en detalles, otras se explayaron a piacere agregando páginas llenas de sabrosos relatos. Surge de lo que contestaron, por ejemplo, que para todas, la amistad de sus amigas mujeres es fundamental y que la valoran especialmente en los momentos difíciles. Por los números se ve que sólo muy pocas han sido víctimas de traiciones o de “robos de pareja” y que casi todas cuentan con sus amigas de manera absoluta, muy especialmente en los momentos cruciales. Y muchas, muchísimas de nosotras asociamos con amigas los más lindos momentos, las mejores vivencias y las sorpresas más agradables. Aunque no se pueda asegurar que esta mini encuesta haya cumplido con todos los requisitos técnicos de un estudio sociológicamente ajustado, de su resumen -y de mi propia observación- surgen con claridad las tendencias que me sirven para fundamentar la teoría. De todas maneras, más allá de las posibles dudas, estoy tranquila porque los resultados quedan debidamente avalados por simple contraste con los resonantes fracasos de los sondeos políticos, supuestamente serios y prestigiosos, con los que nos atacan a diario desde los medios.

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