Confusión número n

Estoy pensando en pedir disculpas por la ausencia y explicarla (pero poco).
Mi vida estuvo complicada, muy complicada, pero por suerte por cuestiones cotidianas y manejables, nada de salud ni para preocuparse.
Se me volaban los días y cada noche pensaba «me faltó el escribir el blog». Como me desplomaba, no llegaba ni a pensar en qué tema abordar que no fuera «El cansancio total».

Bueno, acá estoy, de nuevo con la cabeza afuera.
Además de recomendarles las pelis «53 semanas» y «La calle Málaga» agrego algo cortito que surgió en el fin de semana.
Espero que sea hasta pronto, los extrañé.

Una vez más estoy desconcertada (además de atrasada con estas notas porque cada vez que creo que ordené un poco mi vida todas las leyes de Murphy se encargan de instalar una cuota de caos suficiente para que no llegue a escribir).
Mi confusión surge de que una vez más no sé qué hacer.

Me explico: trato de llevar una vida que considero sana, dejé de fumar hace más de cincuenta años, bebo muy poco aunque no me privo de mi copa de vino con la cena. Como mucha fibra, pocas carnes rojas, muchos verdes. Camino todo lo que puedo, algunos días mucho (en los momentos en que el nervio ciático pausa sus intenciones de atacarme). Voy a clases de gimnasia venciendo mis ganas de escaparme en dirección opuesta. Tomo sol, pero con prudencia, trato de estar en permanente actividad y tengo mucha vida social.
Además, me someto a los controles médicos necesarios, trato de beber mucha agua, de comer pocos dulces (no es un mérito, me gusta más lo salado) y duermo lo que puedo, que suele ser poco desde siempre…
Podría decir, sin falsas modestias, que soy un dechado de virtudes.


Hasta que leo que debería suprimir del todo las harinas, o los azúcares o el chocolate o la palta.
Y ahí empieza mi confusión. Porque (en un breve resumen y sin entrar en detalles), tengo varias ñañas, me duelen un montón de puntos del cuerpo que hace unos años no sabía que existían y vivo alternando ratos de buena energía con momentos de cansancio terminal.


En ese punto es donde no logro entender esta abundancia de personas que parten de este mundo a los cien, ciento dos, ciento cinco años y cuando los periodistas los entrevistan resulta que casi todos fuman, comen los que les da la gana, toman sus ginebritas diarias, no hacen ejercicio y a duras penas ven a un médico.
Alguien que me aclare estro por favor porque, en resumen, no está claro de qué depende ser longevos y sanos aparte de tener una buena cuota de suerte genética…

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